Aunque se han encontrado restos prehistóricos como un enterramiento múltiple localizado en la “Cova des Lladrets” y vestigios romanos que avalan la presencia del ser humano en Murla desde hace siglos, su origen como poblado se remonta a la época medieval en la que era una alquería musulmana situada alrededor del castillo del Pop.
En esta antigua fortaleza, reconvertidas hoy sus ruinas en templo parroquial, se refugiaron los moriscos procedentes de varios pueblos de los alrededores tras el decreto de expulsión emitido por el rey Felipe III. Acorralados por los tercios de Flandes se rindieron el 23 de noviembre de 1609. Cuenta la leyenda que como tan sólo podían embarcar con el equipaje que pudieran cargar encima, los moriscos enterraron todas sus riquezas en un lugar oculto y ahí deben de seguir, ya que jamás se encontraron.
Han pasado 400 años desde aquellos tiempos convulsos y ahora Murla es una apacible villa de tan sólo 600 habitantes que muestra con especial orgullo al visitante su cultura y los vestigios de una interesante historia, de la que han sido protagonistas desde el Cid Campeador hasta Joannot Martorell, autor de “Tiranc lo Blanc”, primera novela escrita en valenciano.
Además, en la localidad se encuentran diversos edificios de interés turístico como la ermita de la Sangre y la de San Sebastián. La primera fue hospital y alberga desde 1856 la imagen la Divina Aurora, patrona de la localidad. La segunda, se erige en la falda del monte Caballo Verde y cuentan los lugareños que se construyó para proteger al pueblo de plagas y pedriscos. El Castellet y los lavaderos públicos, son otros de los lugares emblemáticos que se pueden visitar en esta pequeña y coqueta localidad con auténtico sabor rural.
Con un paisaje eminentemente montañoso y un clima benévolo, al igual que en los demás municipios que forman la Mancomunitat de la Vall del Pop, los deportes de aventura y actividades al aire libre son los verdaderos reyes. Entre ellos, senderismo, cicloturismo, mountain bike, montañismo o escalada, por ejemplo. Aunque quien acuda a Murla no debe de perder la oportunidad de presenciar un partido de pilota valenciana, deporte en el que los murleros son campeones indiscutibles.
En lo que respecta a la gastronomía local, no hay que abandonar Murla sin probar algunos de sus platos más tradicionales como los arroces, las cocas, la “borra”, elaborada con productos de la huerta secados al sol (pasificados) el “pa perdut” o torrijas, pasteles de boniato y el guisado de trigo, entre otros.