Este pequeño pueblo de la Marina Alta alicantina, que apenas supera el medio millar de habitantes, se sitúa en la falda de una pequeña montaña, desde donde se contemplan unas magníficas vistas de la Vall del Pop. Una gran mayoría de sus habitantes siguen dedicándose a la recolección de cítricos, olivo, algarrobo, vid y almendros.Actividad que han sabido poner en valor como un atractivo más de cara al cada vez más creciente turismo rural. Así, dentro de esa riqueza paisajística y natural que posee todo su término municipal, destacan las terrazas de cultivos tradicionales junto a la típica vegetación agreste mediterránea con especies como el lentisco, las jaras y diversas plantas aromáticas, entre otras. También sus tradicionales masías con riu-raus donde se secan las pasas se han convertido en un aliciente turístico muy valorado por los visitantes. Además, gracias a su excelente situación a tan sólo dos kilómetros de la localidad vecina de Benissa y muy cerca de la costa posee un importante tejido industrial.
Pero sin duda, y motivado por el gran valor ambiental de su entorno, es el turismo activo en plena naturaleza lo más demandado por los que visitan este pequeño municipio, que estuvo poblado casi exclusivamente por moriscos hasta su expulsión en 1609 y cuya herencia todavía es visible en la fisonomía de sus calles y en parte de su gastronomía.
Además de numerosos senderos para la práctica del cicloturismo y senderismo existen diversas rutas para disfrutar de la belleza de sus parajes naturales. Una de ellas es la de la subida a la cima de Les Bassetes. A lo largo de su recorrido se pasa por la Ermita de la Mare de Déu de la Negreta, por un cementerio musulmán y por la Cueva de la Garganta. Esta gruta es conocida por su árbol fosilizado y por ser la guarida del bandolero la Tona quien se hizo temer por sus robos a comerciantes. Desde allí se puede seguir hasta la Creu Alta desde donde se observa una bella y exclusiva panorámica, que incluye vistas del Peñón de Ifach.
Entre los edificios de importancia arquitectónica e histórica destacan la Iglesia Parroquial de Santa Catalina, construida en el siglo XVIII sobre una antigua mezquita en la que se venera a la Virgen de los Desamparados. Esta figura fue regalada al pueblo por Gaspar Pou de Peñarroya, Caballero Ecuestre de la Orden de Montesa y San Jorge de Alfama en el siglo XVII cuando ostentaba el señorío de Senija. Además en el patio de la escuela se puede visitar la Roca de la Salve, lugar donde los campesinos rezaban una salve para volver sanos antes de partir para Sueca a la recolección del arroz.
En lo que respecta a la cultura gastronómica, Senija posee diversos restaurantes con una cocina elaborada con productos propios frescos como tomates, aceites vinos pasas. Así, entre los platos típicos que se ofrecen son les coques, les pilotes, el mullaor de bull o de caragols, conill amb tomaca, guisolet y postres elaborados a base de almendras e higos.
Asimismo, Senija es conocido por ser todos los domingos punto de concentración de motoristas.